disParejas

He observado una patrón común en las relaciones interpersonales que cruza el concepto de democracia, justicia, respeto e igualdad. Me refiero a como las parejas sienten y viven sus diferencias. Muchas veces he observado que si uno trata a su pareja de tal o cual forma, espero que al menos la otra lo trate a uno de manera igual, muy en relación a los conceptos de igualdad que antes mencioné. Y en ese contexto es fácil encontrar ejemplos donde el respeto mutuo, consentido, es algo que usualmente consideramos deseable para nuestra sociedad civil.
Sin embargo, me parece que en las relaciones de pareja, esto ocurre con poca frecuencia. Un gran diferencia es que al darse una relación de sólo 2 personas, existe la tendencia a que cada uno pro(im)-ponga sus propios tratos y gestos y luego plantee sus propias expectativas con un estrecho espacio para que las partes se pongan de acuerdo. Distinto al caso de una sociedad, donde hay terceras y cuartas personas que agregan perspectivas y obligan a buscar un “mínimo común múltiplo”, lo que entre dos no es mandatorio. Podríamos decir que el equilibrio o la solución promedio entre un grupo grandede personas, es más representativo del grupo que un equilibrio entre 2 personas. Con frecuencia entre dos, los equilibrios ocurren en un lugar distinto a “la mitad”. En pareja no funciona la simetría, y lo que el otro pide de uno no implica que uno le pueda exigir lo mismo de vuelta. Esto, “a riesgo de equivocarme”, es parte de la naturaleza de nuestras estructuras de carácter tan disímiles.
Aventurandome un poco más allá, uno podría pensar que la riqueza de las relaciones está justamente en estas diferencias. Osea, qué fome una relación con alguien con quien uno no tenga diferencias, de hecho, sería como relacionarse con uno mismo. Parece ser que hay algo en esa diferencia, en esa brecha, en ese breve espacio entre tu y yo.
Si nos quedamos solamente con la brecha, diríamos que habría que buscar entonces a una persona muy distinta a uno como pareja. No, parece que eso tampoco funciona, de hecho, es fácil encontrar ejemplos de parejas fracasadas “debido a sus diferencias”.
¿Dónde entonces está la riqueza? Agarrándome de lo último, me parece que los éxitos o fracasos de pareja no se deben a las diferencias estructurales entre las personas, aunque estas siempre sirvan de argumento racional para explicarlas, sino que el éxito está en la disposición a aceptarlas. Me parece que la riqueza se encuentra en reconocer las diferencias: físicas, emocionales, intelectuales, espirituales, políticas, gastronómicas (qué onda las minas con el sushi?!) y familiares, y para ser catete: emocionales. Lo que uno hace con esa diferencia es lo que cuenta. La aceptación de la diferencia es el único paso que nos permite INcluir al otro, en vez de EXcluirlo. La riqueza de la pareja está en su capacidad de INcluir, desde la diferencia.
Resumo con tres conceptos que aprendí hace poco. Para entender a la disPareja:
- Apertura: Para ver y escuchar al otro.
- Claridad: Para reconocer las diferencias entre tu y yo de manera neutra.
- Calidéz: Para interactuar con el otro desde la compasión y el amor.








