Nada que decir…
- “Y qué tal? Cómo estuvo el concierto?”
- “Nada que decir, en realidad.”
Parece ser una respuesta común al evaluar una experiencia sea una fiesta, evento, cena u otro acontecimiento importante. Me llama la atención de que en vez de hacer un reconocimiento a las cualidades positivas o negativas, usemos esta muletilla que es como: “Mira, la verdad es que mis expectativas al venir eran X, salí del lugar y no encuentro ningún argumento para criticar lo vivido en detalle.” (evaluación positiva)
Entonces me da la sensación de que este Nada que decir revela algunos modos o estados anímicos generales que llevamos con nosotros de forma rutinaria:
- Planteamos expectativas que sospechamos no se cumplirán
- Nuestras evaluaciones de la experiencia tienden al pesimismo
- Nos cuesta entrar en la satisfacción y verbalizarla
Por otra parte también hay un “Nada que decir” como omisión, como “sin comentarios” lo cual sería una forma de esconder una evaluación negativa.
De una u otra forma, nuestra evaluación de la experiencia se queda sin palabras.
- “Te gustó este mini-artículo?”
- “Nada que decir…”